Mi primera vez

Yo tenía 13 años la primera vez que me senté a escribir. No diré que fue sublime, romántico, bajo un árbol y con un lindo cuaderno. Todo lo contrario, me senté a escribir luego de un momento de rabia de adolescente porque mi papá no me dejó ir a una fiesta. 


Tenía un cuaderno grande, de bordes verdes y con olor a frutillas. Si hay una cosa que he guardado de mi madre es siempre tener un cuadernillo para anotar. Para anotar cualquier  cosa. 


Mi papá me dijo ese día que yo era una privilegiada de tener unos padres que se preocupaban porque yo fuese a buenos lugares. Para él, el sitio de la mencionada fiesta era un poco riesgoso. Para que mentir, ahora lo miro, y si ! El tenía razón. 


Pero que va saber un cerebro de 13 años de razones y de lógicas, a esa edad solo se sienten emociones, y yo ese día tenía rabia. Sin embargo, el tema del privilegio me quedó sonando y cuando las lágrimas comenzaron a secarse llegó a mi mente la imagen de un compañero de clases que según la conversación de mi papá era un no privilegiado. 


Benítez, era un niño alegre, noble, con una sonrisa escueta llena de caries. Tenía una tez que llamamos en Cartagena blanca y con un pelo rubio que llamamos mono bachaquero. Tenía unos rizos hermosos. Vivía con su abuela. 


Él llegó a mi mente, porque recordé que alguna vez me contó de la ausencia de sus padres y de todas las pericias que hacía su abuela para darle 500 pesos de merienda, que en esa época eso era un monton de dinero. 

Lo conocí en la escuela que me recibieron cuando llegue de Venezuela, mi país natal. Digo me recibieron, porque mi mamá hizo varios recorridos escolares fallidos para que yo pudiese continuar con mis estudios. 


"En Venezuela, la educación es de calidad regular, no creemos que podamos recibirla". Decían todos, en todas las escuelas. Inclusive, en mi amado Liceo donde finalmente me terminaría graduando. 


Entonces, entre la rabia de ese día, recordando a Benítez y analizando los asuntos de la educación, me empecé a hacer preguntas. Solo que, uno a esa edad no tiene los recursos mentales para comprender; o más bien, no ha vivido lo suficiente para entender que aunque todos estemos en la misma sala de clase , las historias personales de cada uno nos preceden, nos marcan, aunque no nos definen. 

Desafortunadamente el comejen tuvo feliz digestión con mis primeras letras. 

Recuerdo que escribí sobre las inequidades del sistema educativo. Escribí de la pobreza. Escribí de los niños que no tenían uniforme limpio y en buenas condiciones. 

Mi abuela Cristi, sabía de la historia de este niño. Ella me dijo: -Hay unas camisas de escuela que ya no te quedan, yo las voy a blanquear con azulin para  que se las regales-. 

Eso, hice. Yo recuerdo esos ojos marrones, almendrados de Benítez. Ese día, había tanto agradecimiento en su mirada. Tal parece que mis papás tenían razón, dentro de todo yo era una afortunada. 

Yo no tenía claro que eran todos esos conceptos que rodean a la pobreza, de hecho lo escribí sin tecnicismos. Simplemente fueron observaciones de una adolescente que migró y observó las diferencias del lugar del que provenía con el lugar que la recibía.


Recuerdo un fragmento de esos bosquejos: : "La educación es inequitativa.  Quien va aprender si no tiene libros en su casa o si no tiene dinero para el bus y dirigirse a la biblioteca Bartholomé Calvo". 


El día del bululu de la fiesta fue un sábado. El día estaba gris con un poco de lluvia. Yo escuchaba radio tiempo con un radio viejo de mi papá de esos que ponen la hora en números rojos. 


No sé si sería exactamente después de ese día, pero siempre me recuerdo así. Un poco bohemia, encerrada, siempre admirando el olor de la lluvia y la música suave para esos momentos. Esos momentos donde hay que pensar. 


De hecho, hoy es gris, con leve lluvia, sin música, pero con el alma escarbando recuerdos. A miles de kilómetros de distancia de Cartagena, viendo la desigualdad desde otra orilla. Me pregunto que será de la vida de Benítez. 


Todavía recuerdo su voz infantil, dulce e inocente, la cual, yo espero que esa selva de cemento que es la Heroica no la haya apagado. 




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