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El guayabo de la libertad

  Tía Ana La primera vez que escuché esta historia estábamos sentados en círculo: mi papá, mi tío Guillermo Rocha, mi tía Irmina Rocha, mi mamá y yo. Como es tradición en nuestro Caribe negro, a los muertos se les recuerda trayéndolos de nuevo a la vida en la conversación. No como quien se va, si no, como quien viene. No como sombras, sino como presencias que vuelven a sentarse con uno. Así llegó esa tarde a nuestra terraza, Ana Victoria Rocha Barrios, hermana de mi abuelo Ángel María Rocha Barrios. Si tía Ana estuviera viva, estoy segura de que estaría orgullosa de todas las mujeres Rocha. Fue la única niña del matrimonio de mis bisabuelos. Bueno que yo sepa, ustedes saben que en María siempre hay historias paralelas.  El cuento es que todos decían que desde pequeña no hablaba con todo el mundo. Era una mujer educada, leída, instruida. Guardaba una elegancia que le era natural. Porque eso no se pide prestado; eso se lleva en la sangre, dicen los viejos. Tía Ana tenía un tono ...

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