R010 se escribe con erre de Rebelión
Voy a contarles mis hermanos un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra que dice así:
Nadie es profeta en su tierra dice la biblia. Ejemplos en la historia hay muchos. Pero la que a mí me toca el corazón es la del mulato de América.
Dicen mis tías que cuando aún no era famoso, Álvaro José Arroyo cantaba en las kazetas de los barrios populares de Cartagena, exactamente en las cercanías de San Francisco y de La esperanza.
Pero antes de eso, cantaba de forma innata, sin instrucciones, en los coros de la parroquia. Quizás ahí comenzó su afinidad por el francés, cuya huella está presente en muchas de sus piezas musicales y le ha valido el reconocimiento que tiene en el país galo.
Dice mi tía Carmen María que en los toques del Joe fue que mi papá enamoró a mi mamá. Cuando ambos vivían en esas barriadas populares de Cartagena. Ambos hospedados en casa de tías mientras sus madres, mis abuelas, como muchas mujeres de Colombia tuvieron que migrar en los años setenta para ofrecerles un futuro mejor a sus hijos.
Entonces podría decir que, yo escucho al Joe desde antes de estar en el vientre de mi madre. La rebelión, me la sé completica, incluyendo los ritmos de trompeta, percusión y el sublime piano de Chelito de Castro.
Quienes me conocen saben que es mi salsa favorita. No sólo por la historia que encierra el amor de mis padres, si no, porque el relato lo siento muy mio, muy nuestro, muy en mis adentros.
Es simplemente la historia nuestra, la historia de las mujeres que me precedieron víctimas de la violencia que vivieron nuestras hermanas esclavizadas.
Yo bailo la Rebelión, desde que tengo conciencia, mi papá siempre me sacaba a bailar y yo creo que aprendí a bailar salsa con esa canción. La sigo bailando con la misma intensidad, para mi es un exorcismo, una liberación a tantos siglos de esclavitud
Cuando yo era pequeña, ese pedazo que dice "en las playas de Cartagena" representaba la ilusión de venir de vacaciones a la heroica. Hoy, revive el amor que siento por esta tierra, por este Caribe pero desde otras orillas, desde otra óptica.
Es que el Joe Arroyo, es de esos artistas que se entremezclan en la historia de la familia al punto que sus historias parecen tuyas. Por eso recuerdo mucho que mamita, siempre tenía historias de él como si fuera su sobrino.
Mi abuela Cristina siempre echaba el cuento de cuando ella conoció al Rey del Joeson. Era cerca del año 1983, en el hospital universitario de Cartagena. Mi abuela se encontraba visitando a su cuñado Daniel Caraballo, esposo de mi tia Rita Pérez Montero, ( hermana de mi abuela) quien estaba hospitalizado. Dice mamita que compartían habitación y que "en esos tiempos ya él era muy famoso".
-Fue de las primeras hospitalizaciones del Joe, ese día tenía una pijama de pantalón color tabaco, y me pidió un cigarrillo piel roja- solía contar mi abuela.
-Le dije que no tenía, y él me replicó: "que esos médicos lo querían matar". Mamita le dijo que era por su bien. Pero el insistió en que lo querían matar, manifestando su deseo de irse a Barranquilla.
Mi abuela siempre que escuchaba alguna canción del Joe, relataba el mismo cuento y empezaba con su cátedra de -nadie es profeta en su tierra-, "si no, ve al Joe".
Puedo recordar su voz contando la historia, guardo en mi memoria su cara filosofando del tema, además porque siempre la transportaba a los recuerdos con su amada hermana Rita.
En estos días de paso por Barranquilla, mi mirada se fijó en el glorioso metropolitano y en toda la potencia que emana la arenosa. Ahí, absorta en ese bululú* pasó la ruta R010.
Pensé en mamita, pensé en el Joe y sus deseos de irse a Curramba, es posible que su alma presintiese su gloria póstuma en una tierra distinta a la suya. Pensé en Cartagena y su desidia, su pereza cultural que no ha permitido si quiera que el nombre del Joe adorne una calle, un centro, una escuela, o una simple ruta de bus.
Sigo creyendo que se necesita ser muy rebeldes para comprender y seguir esas señales que van mostrando adónde pertenece realmente el alma.
*Bululu: expresión africana para denotar espacio o situación ruidosa con gran revuelo.
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